viernes, 23 de octubre de 2009

Kreator estuvo en Venezuela... y salvó la noche. Como lo viví




Hace ya más de una semana, específicamente el Martes 13 de Octubre de 2.009, la poderosa banda Kreator estuvo pisando tierras venezolanas y aplastando con su intenso y elaborado sonido a quienes tuvimos la inmensa suerte de estar en frente de ellos.





Sin embargo, no todo fue agradable o plausible respecto a la realización de este evento. En realidad, sólo la buena actuación, inolvidable para muchos, de Kreator, salvó la noche. Para recordar o hablar de lo bueno y de lo malo de esto, hay muchas reseñas en internet, de las que les presento una lista de algunas que he podido leer:






Aunque lo que sucedió nadie lo deseaba, y ya ha sido comentado hacia el cansancio, quiero agregar algunos otros detalles un poco más desde mi perspectiva, sin profundizar en lo evidente, que fueron los hechos ya narrados en las reseñas que les coloqué como enlace.

A mi modo de entender, en los problemas presentado hubo mucha responsabilidad por parte de los organizadores; está claro que existe un grupo de personas indeseables que se han dedicado durante muchos años a entorpecer, e incluso a buscar como sabotear los conciertos, quién sabe con cuál interés oculto.

Las fallas para mí fueron las siguientes:

- El acceso a las instalaciones fue demasiado lento. La cola era interminable en términos de ingresar al local, lo cual desde ya, estaba causando que los ánimos se caldearan.

- No se comenzó a la hora pautada. Hubo un retraso de más de dos horas para comenzar el concierto. Esto, por supuesto provocó que las personas que estaban desde temprano ingiriendo alcohol y sabe Dios qué otras sustancias o porquerías, ya estuvieran completamente intoxicados y suficientemente alterados para que la atmósfera en el local estuviera enrarecida y tensa.

- La escasa presencia de personal de seguridad en las respectivas instalaciones clave del evento: Tarima, Cónsola de Sonido, Baños y expendio de bebidas. Cuando al "grupito" de inadaptados se le ocurrió la idea de saquear el puesto de bebidas, no había nadie que lo impidiera... Si se facilitan las cosas, pues, las cosas ocurren.

- El sonido de Exodus. Al comenzar el concierto, una vez superada la emoción inicial del comienzo, comenzaron a verse las caras de desconcierto y decepción de muchos. Simplemente no se entendía nada, era un ruido sin ningún sentido. Por supuesto, a medida que pasó el tiempo el ruido fue disminuyendo y de pronto comenzó a entenderse algo, pero ya era muy tarde, el mal sabor estaba en el ambiente.

- El vocalista de Exodus, Rob Dukes, estaba con las revoluciones un poco altas. En parte, él mismo contribuyó a que cierta parte del público se pusiera más loca que de costumbre y ¡zás!, se cayeron las deficientes barreras de contención del público hacia la tarima. También Rob Dukes, aparentemente, en un alarde de locura, derramó mucho líquido en una de las plantas de los guitarristas y éste se quedó sin sonido. En pocas palabras, el show se interrumpió como 4 veces, hubo una interrupción larguísima y se vio afectado el "set list". Al final, los últimos 5 o 4 temas se tocaron con luces encendidas, un montón de gente fastidiada y un sonido un poco mejor que al principio, pero con muy poco bueno que rescatar de la presentación de Exodus. ¡Que lástima haber esperado tantos años para ese fiasco!.


Una vez enumeradas las fallas percibidas por mí, y los buenos amigos con los que siempre me reuno en estos eventos, también hay que mencionar la preocupación que nos causó ver a las personas más alteradas del concierto con botellas en la mano, ver innumerables vidrios rotos en el suelo y la poca o nula capacidad de los organizadores por contener a esta multitud, a la que se le había sumado una buena cantidad de "coleados".

No exagero al decir que por unos momentos llegamos a temer que o Kreator no se presentaba o que la banda no terminaría su presentación; es más, llegamos a pensar en la posibilidad de irnos del evento, debido a que las condiciones de seguridad no estaban dadas. Realmente estábamos en medio de un caldo de cultivo que podía degenerar en hechos de violencia lamentables...

Ahora, hay que saludar la manera positiva como la misma organización, en vista del descalabro organizativo, trató y logró poner orden,  con las acertadas palabras dirigidas desde la tarima. Se logró reducir un poco la ansiedad y bajar los niveles de exaltación que estábamos viviendo. La pena propia y ajena seguía, pero teníamos la esperanza de que todo lo vivido sólo se quedara atrás.

Y... comenzó a probar el sonido Kreator, bueno, a hacer los ajustes finales... la mesa estaba servida y salieron los "Hordas del Caos" a abrir el concierto.

Hay que recordar que existía cierta sensación de expectativa, mezclada con un poco de decepción, debido a que "Ventor", el baterista de siempre de Kreator no estaría en la presentación, y que sería sustituido en esta gira por Marco Minnemann, quien goza de muy buena reputación.

Como estoy hablando de cómo lo viví, y desde el buen lugar donde estaba ubicado, tengo que decir que la sensación fue de un cambio radical entre el concierto anterior, el de Exodus, y éste. Parecía como si de pronto, tanto el escenario, el sonido y el público, tanto en la actitud, como en la calidad del espectáculo, nos hubiéramos transportado hasta un DVD... jejeje

De verdad Kreator salvó la noche. Hay que destacar que Mille Petrozza tuvo muy buena interacción con el público y  entre las distintas cosas que mencionó, como por ejemplo el tiempo que tenían sin venir, ofreció regresar el próximo año. Ojalá y sea cierto, no me lo pierdo si vuelven...

El violentísimo "set list" que nos habían preparado para la noche a continuación:

01- Choir of the Damned 

02 - Hordes Of Chaos (A Necrologue For The Elite)


03 - Phobia


04 - Terrible Certainty


05 - Betrayer


06 - Voices of the Dead


07 - Enemy Of God


08 - Destroy what destroys you


09 - Pleasure To Kill


10 - The Patriarch


11 - Violent Revolution


12 - Extreme Aggression


13 - Coma Of Souls

14 - Solo de batería de Marco Minnemann

15 - Warcurse


16 - Flag Of Hate


17 - Tormentor


Mille Petrozza expresó su agradecimiento al público venezolano y los organizadores (tomado de Tarmanta.com):




“Hola, soy Mille de Kreator, fue grandioso estar de vuelta en Venezuela, gracias a todos por venir, la pasamos muy bien y esperamos volver a verles otra vez”.

Con la esperanza de que todo lo malo que hubo en este evento sea cosa del pasado, estamos a la espera de lo nuevo que se viene. El año promete terminar con mucha música extrema, se sabe dela vuelta de Obituary, además de Tiamat, Moonspell y otras que ya estaremos mencionando en su momento.


lunes, 5 de octubre de 2009

"Para mayores de 40"

Como siempre, hurgando en la web, en los correos recibidos, y otras fuentes.... De la "pluma" de Eduardo Galeano, éste artículo se lo agradezco a un tío mío que tuvo la cortesía de enviármelo, aunque alguien, en algún momento, le cambió el título, ya que el título original es "Para mayores de 40", sin embargo, a mí me lo entregaron como un "Para mayores de 30", decidí corregir el título y compartirlo con las personas que leen este blog.

Quiero decir que a mí me gustó mucho el tema porque nos llama a reflexionar sobre la dinámica en la que estamos metidos en el mundo actual, sobre la necesidad que tenemos de cambiar ciertos patrones para los que hemos sido cuidadosamente programados y que nos fuerzan a mantener una ya alarmante conducta autodestructiva que tenemos como humanidad y, contra nuestro planeta y medio ambiente. Es, en fin, un llamado a despertar y pensar qué cosas debemos hacer y asumir para salir del círculo vicioso y potenciar otras vías para que, en nuestro rol de células y grupos sociales organizados y con consciencia colectiva, podamos revertir los daños que hemos venido provocando a nuestro planeta y sociedad.

Me recuerda mucho, además, un par de libros que hace muchos años leí, de Alvin Toffler, titulados "El Shock del Futuro" y "La Tercera Ola", a mi modo de ver, lecturas recomendadas aún, para poder asimilar, comprender, e internalizar el momento que estamos viviendo a velocidad cada vez más vertiginosa.

Volviendo al artículo que reproduzco más abajo y para poder ilustrar un poco más al lector, hablemos un poco del autor: Eduardo Galeano, es un periodista y escritor Uruguayo, destacado, de por sí en la literatura latinoaméricana, además de ser un aficionado furibundo del fútbol. Galeano ha publicado una gran cantidad de libros, entre los que se destaca mucho el libro titulado "Las venas abiertas de América Latina", que fue publicado en 1.971. También hay que destacar que algunos de sus libros han sido traducidos hasta en 20 idiomas distintos.

Entonces, sin más preámbulos, les dejo esta perla:

"Para mayores de 40"

Por Eduardo Galeano


Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!


Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

¡Es más!


¡Se compraban para la vida de los que venían después!


La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.


Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.


¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.


¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?


¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?


¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?


¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?


Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.


El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.


El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!


¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!


Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.


Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.


Mi cabeza no resiste tanto.


Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.


Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían v olver a servir. Le dábamos crédito a todo.


Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?


¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?


En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!


Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.


Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!


Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.


Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.


Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!


Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.


Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.


Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambia n por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.


Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.


Hasta aquí. Eduardo Galeano